En principio era una carta a mi papá. Todo empezó hace unos minutos mientras recorría mi casa y miraba el cielo inmenso que me rodea, preguntandome qué será de él, y por qué no le parece raro que su hija favorita lo ignore hace semanas. Pero después de sentir por dentro tanto enojo convertido en silencio, recordé este espacio, mi espacio. El lugar donde siempre vomito en paz. El refugio donde no hay música que potencie mis gritos, sino donde callo la mente dejando salir la negrura de mis palabras.
Si, estoy enojada.
Voy a empezar por papá porque es el que abrió mi ventana.
Estoy enojada con papá porque desde chica no me da pelota. Porque son pocas las veces que recuerdo su presencia sin tener que necesitarlo y porque otra vez por estar atrás de una pollera se olvidó de sus hijos.
Él va a decir que siempre fue muy sacrificado, y si, lo es. Porque es de esas personas que repite el discurso de que la vida es dificil (y lo es) pero se encasilla en repetir que no hay opciones, en vez de salir a buscarlas. Es de los que prefiere la ropa de marca y estar endeudado en caprichos y quedar bien los demás, antes de decir: "Honestamente no necesito esta pelotudez, esto vale menos pero cumple la misma función".
Quizás yo tengo sólo una versión de los hechos, la mía. Pero sé suficiente como para mirar desde otra perspectiva. Puedo entender sus carencias, puedo aceptar sus formas. Pero también por mucho tiempo y gracias a él y a mi vieja, sentí que enojarme me convertía en una nena mala, merecedora de duchas heladas, de encierros en el baño, de sopapos sin sentido, de ahogamientos bajo la canilla "para que me calme". Y gracias a que no me suicidé cuando lo intenté, hoy puedo reconocer que me enojo y en vez de volverme autodestructiva o una reverenda hija de puta, escribo lo que siento. Gracias Nati, por no morirte en el intento de entender para qué carajo viniste al mundo.
Retomando mi bronca, mientras pensaba en papá, redactaba una carta imaginaria donde le decía parte de estas cosas, incluso que me hubiera gustado que fuera mi padre como lo fué con las niñas ajenas que adoptó por el tiempo que estuvo en pareja con su ex novia. Dado que ellas tuvieron un padre más presente del que yo recuerdo.
Hoy acepto que está en su máxima tertulia. Y se merece un amor bonito, todos lo merecemos, a veces llega un poco tarde, pero existe. Y eso no me enoja, al contrario, lo celebro. El problema es que es un pollerudo del orto, y cuando se pone de novio se vuelve pajero y se olvida de sus hijos. Ojo, no es el único, mamá hizo exactamente lo mismo. Incluso ella saca provecho de su pareja, la mantiene como a una reina, e insisto que se merece ese trato tan lindo, pero es la reina mala de las Chicas Superpoderosas, que vive de caprichitos y todo se le conciente. A favor de mamá, digamos que tuvo una vida de mierda de la cual se hizo mucho la boluda y ahora le cayeron todas la fichas, e incluso de a poco desentierra verdades en terapia, pero vamos a ver cuánto le dura. No es que no quiera darle mi voto de confianza, es que despues de tantas desilusiones no me queda fe en ustedes viejos, jajaNT.
Cuestión, estoy enojada.
Porque papá no me dió bola y mamá tampoco, o ambos sólo me prestaron atención cuando hice las cosas mal. ¿Y qué pasó? Que me di cuenta que hace años estoy haciendo todo bien. Miré el cielo y se me nublaron los ojos, estoy felíz con una pareja que me adora, por la que luché para estar juntos y a veces me cuesta convivir, porque gracias a la ausencia de mis viejos, aprendi desde muy chica a hacer muchas tareas domésticas. Crecí antes de tiempo y estoy cansada de no poder divertirme. Y me enoja, porque lo divertido me aburre muy rápido. Vivo cansada, y estoy logrando de a poco bajar esa exigencia que me pusieron ustedes y su falta de límites con la abuela.
Abuela, con vos también tengo que hablar. Gracias por hacerme ver parte de la mujer que quiero ser y parte de la mujer que jamás quiero ser. Nos criaste tanto, nos lastimaste tanto, nos amaste tanto, y te fuiste antes de lo que todos alguna vez decretamos. Se suponía que vos nos entarrabas a todos y nos dejaste sólos con mamá y papá, que son tus hijos, mis "hermanos mayores", niños caprichosos. Hoy somos todos huérfanos y conmigo crece el miedo de ser como ellos.
Y esa es la palabra clave: miedo.
Gracias a las vivencias del pasado, traumas amorosos incluidos, los cuales se desarrollan casi que en todo mi blog. Tengo tanto miedo que me enoja.
Porque yo supe ser una piba a la que todo le chupaba un huevo. Porque cuando estoy en la mía hago lo que se me canta. Pero hoy no se cuál es la mía. Hoy no canto encerrada en la pieza, hoy no me distraigo con mi novio en una caminata. Hoy sigo siendo responsable y adulta. Y tengo miedo de mis pasos, porque la hipervigilancia y la responsabilidad estan colapsando mi sistema.
Quiero confiar que la vida me sonríe, y tengo pruebas de eso. En el detalle mas absurdo como el abrazo de mi gata, entiendo que soy amada.
Siento que soy la que puede elegir qué hacer de su vida sin esperar su aprobación, total nunca les importó. Pero en esa falta de interés se esconde un vacío muy triste. Vacío gracias al cual soy la mamá que soy, y siento las culpas que siento simplemente por existir.
Espero que nunca lean esto, porque por más que a mi me sirve de descargo, se que la verdad, mi verdad, siempre les duele porque no saben cómo resolver en el presente su falta eterna, porque si ustedes no se entienden, ni saben para que tuvieron hijos, yo sólo puedo excusarlos en la frase vacía de "era otra época", y listo.
Para odiar hay que querer, dijo el Pity... no saben cuanto los amo.
Nati, Jaque para la abuela.
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