Un día la vida agarró y me dijo: Nati, sabés qué? Tomá. Después de llorar y morir, de tocar el fondo del fondo del abismo, de surcar en esos mares tortuosos de tu azabache inconsciente. Después de romperte en tantas astillas posibles, después de dolerlo todo, después de ser un reutilizado juguete, después de entregarte a mi confiando en nada... tu premio, pendeja. Y miro el todo, la nada, el amor, la personificación, la valentía, la apuesta, la alegría, la plenitud, el futuro... y el pánico. Qué mierda hace acá el pánico cuando estoy recibiendo mi premio? La duda, la incertidumbre, la pregunta con su respuesta, la experiencia, los engaños, el pasado tan pisoteado, qué hace estorbando? No te quiero, no te acepto, te quiero lejos. Nati confió en el dolor, en toda la tierra que masticó. Abracé la soledad y ahora mierda que la extraño! Tengo todo, mi fortuna impensada, mis palabras tan feroces y acertadas, me amaba, me ama. No me equivoqué. Todo lo que hice, lo hice tan mal y tan bien, todo tenía que ser. Pero por qué no se puede simplemente existir? Simplemente disfrutar. El coco me acecha en cada rincón. Siempre hay una sombra que me dice: no, nena, esto está mal, vos estás mal, él está mal. Maldita la maldad con la que me rodeé. Llena de desconfianza me quedé y donde antes saltaba sin pensar, hoy me retardo en sentir. Tantas corazas me pude probar que ahora estoy encerrada en la inseguridad. De a poco las capas se van, se caen, se desmoronan, se desarman, se desgranan y me van dejando más yo, más desnuda, más genuina. Pero qué lejos quedé. Que imposible volver. Ya no puedo ser nunca más la ingenua infeliz. Ahora la conscienca es mayor y el riesgo tambien. Yo no me quiero volver a romper. Mi imagen se distorciona cada vez que miro el espejo y las voces de la comparación afloran una y otra vez. Las redes, la memoria, la comparación y la realidad vivida pesandome en la sien. Es como si en 34 años cabieran tantas vidas que hoy ya no se qué puedo hacer. Miro hacia atrás y me encuentro, miro al presente y el limbo a mis pies. Miro el futuro y es todo tan certero que me abruma creer que se puede romper. Los abrazos, los recuerdos, los te amo, los no se, los golpes en el pecho, mi corazón en el suelo, las sábanas sucias, el piso frío del baño, la oscuridad de mi niñez, la frialdad de mi ex, los piropos cosificadores, la hegemonía inalcanzable, la voz rota y rechazada, la falta de amor de mis padres, quedar sin trabajo embarazada, perder el compás de la cumparsita a dos cuadras de San Roque, sortear las olas y la suerte, lanzarme al azar como cantar karaoke. Probar besos y formas de amores, rogar migajas de corazones. Sentirme amada y tan vacía, verlo llevarla a los mismos rincones. Temerle a todo y no querer brindar ni por este año ni los que sobren. Jugarmela y a pesar de todo, no poder soltar estos tantos rencores. Se viene la casa, proyectos, pogos, manejar, pasto, pile y responsabilidades. La seguridad me da más miedo que estar sola en el bajo Flores. Es dificil esta dualidad, armar familia abandonando la soledad, abrazar el caos buscando paz. Aprendí que me tengo a mi por sobre todas las cosas. Que existe este rincón en donde grito en prosa. Elegí dejar de hablar a quien no escucha y opté por dejar atrás a quien no me valora. Me puse en el estante más alto como mi mejor amiga, ya nadie puede alcanzarme estando acá arriba. Sólo soy yo y mi estúpida sombra, y cada tanto entre mi novio y mi hija suben al estante donde observo las cosas, a espantar a los fantasmas que me quieren rota.
Estoy tan asustada como agradecida, al saber que ya esta hecho lo que de mi dependa, pero no soy dueña de la responsabilidad afectiva, que a otro le corresponda.
Na.
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