Soy yo la que está perdida hace tanto tiempo que no puede reencontrarse. Otra vez el insomnio y la tristeza no dejan que me levante como debería. Tengo el cuerpo cansado de sobrevivir sin motivo que lo deslumbre. No hay un abrazo cálido, un mate en la cama ni algo lo suficientemente fuerte que me empuje por mi misma. Mi hermana dice que tener una hija debería serlo. Yo siento que da igual lo que haga, el futuro de ella en algún momento me suelta. Me siento sola hace más tiempo del que creía. Y ya no me sobra amor para dar. Me falta. No lo tengo. Lo di todo sin medir a quién, sin ver si lo que daba me volvía. No quiero acercarme a nadie más. Hoy vuelvo a trabajar, recién hoy salgo de la Pandemia y tengo mucho miedo de volver a empezar.
Un día la vida agarró y me dijo: Nati, sabés qué? Tomá. Después de llorar y morir, de tocar el fondo del fondo del abismo, de surcar en esos mares tortuosos de tu azabache inconsciente. Después de romperte en tantas astillas posibles, después de dolerlo todo, después de ser un reutilizado juguete, después de entregarte a mi confiando en nada... tu premio, pendeja. Y miro el todo, la nada, el amor, la personificación, la valentía, la apuesta, la alegría, la plenitud, el futuro... y el pánico. Qué mierda hace acá el pánico cuando estoy recibiendo mi premio? La duda, la incertidumbre, la pregunta con su respuesta, la experiencia, los engaños, el pasado tan pisoteado, qué hace estorbando? No te quiero, no te acepto, te quiero lejos. Nati confió en el dolor, en toda la tierra que masticó. Abracé la soledad y ahora mierda que la extraño! Tengo todo, mi fortuna impensada, mis palabras tan feroces y acertadas, me amaba, me ama. No me equivoqué. Todo lo que hice, lo hice tan mal y tan bien...
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por tu opinión