Cuando era chiquita vivía en un semipiso. 16 años fueron suficientes para a pesar del dolor de la ausencia del amor, aferrarme a cada rincón de ese lugar. En este momento puedo recorrer la casa por completo. Ahora estoy sentada en mi espacio favorito; el atardecer en el balcón, con unos almohadones gigantes color naranja vintage. Mi lugar en el mundo, mis momentos de soledad y paz, eran en ese balcón, absorbiendo todo el sol que me abrazaba, mientras miraba a la gente ir y venir. Mientras escuchaba horas de música que me completaba el alma. Amaba estudiar cada letra y llegar a las mismas respiraciones que mis cantantes preferidos. Amy me enseñó a cantar agudos y aprendí inglés con su voz. Lloré muchas veces mirando el sol. Ese balcón era mi casa. Irme de ahí, fue el primer bajón.
El último día que atravesé esa puerta, conocí a quién sería mi novio por siete maravillosos y adolescentes años.
Jamás creí que mi próxima casa terminaría bajo el agua, llevándose todos mis sueños a la evasión de la depresión que me cayó años más tarde.
El scout es optimista aún en las dificultades, dijo Baden Powell, pero se olvidó que sepultar la tristeza te aleja de vos.
Hay que ser valientes y aventureros. Pero evasivos, no, corazón.
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por tu opinión