Pudimos tenerlo todo, pero no me voy a quedar acá. Si voy a escribir el último verso de este capítulo, porque ya me cansé de dar vueltas a lo que no va. Regla número uno, amiga: reciprocidad.
Pudimos haber tenido viajes interminables y campamentos en la cordillera. Pudimos haber escapado de tu infierno químico, solo viendo nuestras sonrisas. Pudimos haber disfrutado el presente en cada abrazo lleno de paz y ternura que nos cubría. Pudimos haber potenciado cada idea del otro empujando a más abundancia y locura. Pudimos haber crecido tanto tanto y entender el pasado herido de cada uno, a su tiempo.
Pudimos haber ido a tomar birra a Puerto Madero y terminar de turistas en el cementerio.
Pudimos haber repetido en loop nuestras pelis favoritas y cantarlas juntos todo el tiempo.
Pudimos hacer tan buen equipo, eligiendo el apoyo, el respeto, la contención y el amor, en cada momento.
Pudimos haber sido los mejores amigos del mundo mientras nos comíamos a besos.
Pudimos haber sido mas que tres caóticos meses. Pero tus tiempos de amor no coincidieron con los míos.
A veces quererlo todo ya, sólo apaga aceptar todo lo que realmente traemos.
Trabajo en mis pasos constantemente para evitar volver a fallar, pongo conciencia en mi inconciente. Pero no te voy a empujar a elegirme, si ya decidiste que es mejor dejar de quererme.
Gracias por devolverme en tres meses, lo que no recibía hace muchos, muchos años. Hoy se qué algún día voy a encontrar a alguien que me de ese amor y también acepte mis mambos.
Na.
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