¿Te acordás cuando usábamos la radio a pila?
La vida es un poco de esa situación penosa, dónde la radio que queríamos tenía mucho ruido, mucha mugre, porque la antena no captaba bien la señal, porque las ondas se mezclaban con otras. Y buscábamos las mil maneras de lograr que esa radio que tanto nos atraía sonará limpia.
¿Qué pasaba? Movíamos la antena de un lado al otro. Acercábamos distintos elementos de metal, a veces anillos, para ver si eso aislaba el ruido sucio.
¿Será que quisimos anillar la vida en vez de aceptar que hay que cambiar la frecuencia?... O irse a otro lado con la radio, o cambiar la radio, a veces era la mala calidad del aparato.
Creo que así son las relaciones. Muchas están sucias, llenas de ruido, otras, no queremos cambiarlas por capricho, porque sale más caro cambiar la calidad.
El costo de una vida limpia es transitar el caos del enfrentamiento, el movimiento, la soledad, y la aceptación de dejar espacio para que el sonido fluya con vos. Había que escuchar nuestra propia voz antes que a la radio que sólo sabe opinar, o pasa música a pedido tuyo, te complace por un rato, pero sigue teniendo un ruido sucio.
Calidad antes que cantidad.
Prioridad para una luna enamorada de la honestidad.
La frecuencia que mejor se escucha, es la que te hace conectar con tu onda expansiva.
Natalia ♐
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