Llega esa época del año en la que todos hacen el balance. La verdad? Si me pongo a hacer eso resumo este año en uno de los peores que viví. Y se hizo eterno porque para mí arrancó a fines del 2019. Entonces tengo que cambiar el chip y en vez de creer que algo debería haber mejorado este año, quiero enfocarme en todo lo que vengo logrando en años. Por qué? Por la sencilla razón de que necesito recordarme que no es fácil atravesar la cantidad de consecuencias que tuve en mis 31 años de vida. Crecí con el vacío de no recibir el afecto de mi familia. Crecí sin una puta caricia, sin un te quiero y sin un abrazo realmente sentido. Crecí pensando que absolutamente todo lo que yo hacía estaba mal. Crecí siendo señalada y criticada ena escuela, sin contención alguna de parte de mi familia. Crecí callada. Crecí cantando encerrada para liberar mis tristezas. Cantar fue lo único que me mantuvo alejada y sintiendo el dolor. No sé qué hubiera hecho sin esos minutos de música al palo donde mi habitación se volvía un escenario. Y lloraba imaginando que algún día eso podía ser cierto. Crecí así, tirando mis sueños por la ventana cada vez que me decían que tenía voz de pito. Creci escuchando que era mala, molesta y sobre todo: gorda. Crecí siendo un defecto desde la concepción. Yo iba a ser down. Yo le traje problemas a mi familia antes de nacer. Yo le traje problemas a mi hermana con sus amigos después de que nací. Muchas veces jugaba sola y mi hermana mayor desarmaba mis puestas en escena. Si invitaba a una amiga yo tenía que alejarme, yo era chica, no podía ser incluida, ni sus amigas saber que ella jugaba conmigo a veces. Crecí chupándome el dedo. Y lo que para mí era una vergüenza y miedo, se volvía la burla en cada cena familiar y de amigos de mis viejos. Crecí escuchando las cosas reversionadas a favor deos adultos. Crecí escuchando que yo no tenía derecho a reclamar que se estaba desarmando mi integridad. Crecí llorando en los rincones de la casa, si no era que me encerraban en el baño. Crecí con el recuerdo de un chancletazo y una catarata de bofetadas por soplar la estufa y no entender que era peligroso porque simplemente todo era "no porque no". Crecí sin aprender a andar en bicicleta. Crecí con más ganas de estar en la casa de mi abuela mirando novelas y jugando sola a la cocina, que estando en casa escuchando "Jaqueline, hace esto, que cara de orto, que gorda estás"
Crecí sin salir a bailar con mis amigas, crecí con un malón frustrado porque no me dejaron invitar a un compañerito, crecí siempre marginada en la escuela y marginada en mi casa. Crecí un día quedando del otro lado de la puerta con una camisa blanca de puntillas y bombacha. Rogando que el vecino no me viera. Crecí imaginando cómo iba a ser el día que armara el bolsito y me fuera de casa, cuántas veces imaginé eso! Crecí mirando por la ventana. Crecí viendo a la gente pasar, tomando el solcito en invierno. Crecí pudiendo tirarme del balcón, en pleno peligro, y acá estoy. Crecí y adolecí. La adolescencia increíblemente fue un poco mejor. Tenía amigos y llegué a tener mi primer novio que me quería por quién yo era. Ninguno de los dos imaginaba eso, bien gracias sabíamos quien era el otro, pero nos dejamos llevar y fue el amor más sano que tuve por mucho tiempo. Después aparecieron los amigos y mis complicaciones familiares. Fui tía y la casa era un caos. Crecí cuidando a mis hermanos. Crecí en penitencia por querer maternarlos. Crecí con más castigos estúpidos que preguntas de cómo te sentís? Cómo estás? Crecí sabiendo que el día que fuera madre no iba a hacer lo mismo que mis viejos. Crecí queriendo ser madre para dar todo el amor que no me dieron. Crecí y tuve un amor pasajero. Con los años fue un vínculo muy tóxico pero también conocí al amor sano que por siete años me dió todo ese amor que NADIE más pudo darme. Crecí y fue muy complicado. No confiaba en mis viejos para mi primera vez. Confíe mucho más en él y me cuidó, nos cuidamos como nadie nos había cuidado. Crecí pensando que con el ya tenía el futuro en las manos. Crecí y el agua se llevó todo lo que construimos. Crecí y el no estaba listo. Crecí y di con quién alguna vez soñé pero jamás creí posible. Crecí y de esa locura nació mi hija. El sueño de mi vida. Crecí, llorando con ella en la panza porque descubrí que a su papá realmente no lo conocía. Crecí y otra vez estaba sola, en compañía, pero no contenida. Crecí otra vez llorando en el baño. Crecí otra vez sintiendo vacío. Crecí intentando ser una buena madre mientras era una niña, mujer y madre completamente partida. Crecí haciendo todo lo que había que hacer. Crecí, viendo que tenía derecho a hacer lo que quisiera y eso fue el click cuando muere mi abuela. Crecí, perdiendo a la primer persona que sabía cuál chocolate era mi favorito. Crecí rompiendo la familia que había creado porque mi hija merecía algo mejor un contrato. Crecí despidiendo al viejo gruñón que me llevaba a pasear en auto a Buenos Aires, que me hacía escuchar los partidos de Estudiantes y ver las carreras de autos con los gatos a upa. Crecí viendo cómo mi viejo se desmoronaba y rogando que por favor algo lo sostuviera. Crecí tocando fondo con el pañuelo del coro en el cuello, crecí llorando en terapia porque me estaban usando de juguete. Crecí pensando que amor era algo super natural y no algo que a todo el mundo le da miedo y rechaza. Crecí animandome a irme sola en carpa con Alma y se cayó en el baño. Crecí estando en la playa y ver qué me pasaban tres veces el mismo pago. Crecí endeudándome para comprar regalos. Crecí en Mayu Sumaj en pedo yendo a Villa Gral Belgrano. Crecí volviendo a confiar en el amor y me la di con el mismo palo. Crecí escuchando a mi hija gritar "me muero" en un estudio de mierda por un nodulo en la garganta. Crecí no sintiendo nada en plena tesis, en pleno viaje, sintiéndome ida, sintiéndome nada. Crecí llorando porque mi perra rompía mi casa y ladraba. Crecí yéndome a tomar un avión con Alma a un Hostel en Córdoba. Crecí en Cabalango cuando se rompió el micro y a mi hija la hice reír. Crecí conociendo a alguien nuevo, metiéndolo en mi casa, conociendo a mi hija y rompiendo todo el nido. Crecí volviendo a la angustia del duelo. Crecí con una pandemia de mierda que nos dejó del orto a más de uno. Crecí paleando el taller que era mi escape en esa pandemia. Crecí haciéndome cargo de un perro ajeno. Crecí con la intuición más afilada e inimaginable. Crecí con el detector de mentiras en alerta. Crecí siendo otra vez una marioneta. Crecí tocando el ukulele para recordar los días que bailaba en mi pieza. Crecí viendo a mi hija brillar en tutú, en el césped sintético y otra vez en un escenario. Crecí preguntándole a mi hija cómo está? Cómo se siente? Diciéndole te amo. Crecí preguntando cuando paro? Crecí sin un norte fijo y mil fracasos.
Crecí viendo cómo Robin y Chester se mataron. Crecí dudando. Crecí viendo llorar a mi hija por su bisabuelo. Crecí hablando con mi hija de amor, muerte y magia. Crezco con Alma. Crezco cansada de cocinar todos los días. Crezco con el corazón triste de no encontrar alguien que quiera compartir su vida conmigo sin querer controlar el aire que respiro. Crezco intentando saber más o menos de qué va la vida. Crezco tirando las cartas y haciendo feliz a la gente. Crezco viendo sonreír a beneficiarios y dirigentes. Crezco mientras mi abuela se cae después de haber caminado el mundo. Crezco sin dejar de creer que a pesar de todo hay que ser valiente. Crezco sin saber a dónde me lleva la vida, pero sin tenerle miedo a la muerte.
Natalia
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