Era el nombre de primer hijo, uno que nunca nació, uno que soñé de adolescente con quién hoy es uno de mis mejores amigos. (Qué vueltas la vida, qué sorpresas tan lindas!)
Ángel.
Me han dicho que "tengo ángel" y de alguna forma siempre me sentí uno.
En más de una ocasión afirmé que soy alguien que viene temporalmente a la vida de otros, a ver lo que no ven, a quedarme hasta que no me necesiten.
No es divertido ser un ángel en este mundo.
Me dijeron que vine a sanar. Yo sabía que mi misión era especial. Pero nunca creí a qué tan enorme costo. Juro que una parte de mi se disuelve en felicidad. Veo a esos seres rotos volver a la vida, tener una segunda oportunidad. Me siento grande y orgullosa, sabiendo que mi tarea se cumple. Pero el ángel tiene una condición miserable. El ángel ama, tanto, tan fuerte. Siente, con cada pluma y es de los seres tan humilde y puro como pecador primario; un ángel tiene prohibido enamorarse.
A mi luna positiva y luminosa, Arcana templanza, el ángel, le lloro.
Quiero refugiarme en ese pensamiento lindo de la buena acción realizada, y confiar que el universo me lleva a dejar el mundo en mejores condiciones.
Quizás mi mundo será un eterno fénix, quizás Nienna deba ser reencarnada. Quizás no hay equidad en el todo. Quizás mi dolor sana al otro. Quizás mi don sea sostener la Templanza.
Quizás nunca haya certezas. Quizás, quizás, quizás... nada.
Nienna.
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