Hubo una época en la que pintaba mi cara de colores. Tenía un compañero de aventura que seguía mis locuras y las potenciaba.
Encontrar el amor sano a una edad temprana deja marcas imborrables.
Me aferré a la idea de que ese tipo de relación era trasladable. Creía que el mundo y el universo entero sabía amar.
Me lance a buscar y a repartir más de eso que era magia en estado puro. Pero encontré ignorancia, deseo por sobre sentimiento, falta de empatía y nada de responsabilidad afectiva. Encontré mandatos, celos, ego y mentiras, muchas mentiras.
Yo era de esas que a todos lados llevaba la sonrisa. Incluso enojada, daba ternura. Tenía abrazos y corazón para todas las balas. Un momento de mierda te lo transformaba con algún mal chiste improvisado, y lograba que por un instante, confiaras en la esperanza.
Hoy la sal quema mis mejillas y borra la nariz roja de esta payasa simpática.
Pensar en sonreír me duele, pensar en una carcajada me mata.
Yo, siempre firme ante el desbalance, yo, con las soluciones infinitas en la mano, yo, con el chiste ágil y la canción indicada. No sé pararme en estás piernas porque estoy frágil, no encuentro la salida del laberinto emocional que me atraviesa, borré los chistes fáciles de mi cabeza y las canciones son ecos de tristeza.
Qué cosa difícil ser actor, payaso, comedia. Cuando se cierra el telón nadie ríe, cuando la luz se apaga, la risa es pena.
Natalia
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