Avanzo lento por el camino de mi conciencia emocional. Me encuentro con esquinas que dan vuelta en U y me devuelven al principio.
No es un pasaje melancólico, esta vez, no está cargado de tristeza, enojo, lástima, rencor, ni amor en carencia. Esta vez, me aparté.
Volver a ver la vida como un águila es complicado, pero no imposible.
Cuando la tormenta llega, los pájaros se esconden, pero el águila vuela más alto.
Venía huyendo, o quedando empapada. Consejos poco sabios me llevaron a ser una versión en distorsión.
Entonces subí.
Subí a la nube que me deja cambiar la perspectiva y reaccionar, pasivamente, sobre ciertos hechos.
Cómo dragona iniciadora que soy, es probable que sean más las veces que queme mi garganta para que otros aprendan a volar.
Cómo pichona de dragón, mi piel aún no es tan fuerte.
Me contaron que vine acá a ayudar a sanar. Pero no me explicaron que primero tenía que saber protegerme de los heridos.
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Desde bien cerca y tan lejos, adiós. Me despido y curto un poco más la piel, para ir más allá, a dónde los deseos se cumplen. Alto, con águilas y dragones llenos de fuego y sabiduría.
Natalia
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