- Podés pasar un segundo?
- Tengo una reunión, pero paso un segundo.
Suena el timbre.
No está con la luz de siempre, está pálida, con los ojos hinchados y la nariz colorada como el reno de la película. Ya la ví así. No sé qué quiere, pero voy a escucharla. Tiene que ser mucho para que confíe en mí.
Abre la puerta.
- Hola, cómo estás?
A penas pronuncia un hola entrecortado, baja la cabeza y me abraza.
La escucho llorar. Está agotada.
Habla, habla y habla, de nosotros, de otro, de ella, del encierro. Habla y se quiebra una, dos, tres veces. Se queda en silencio. Me mira y lo suelta:
- Yo valgo la pena?
- Lo intentamos tres veces, cómo no vas a valer la pena?
.
Quien arriesga siempre gana, a pesar de todo el dolor, me quedo con eso.
El amor es para valientes, la vida es para valientes y no somos eternos.
Natalia
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