Está frío y quema. Tiembla mi cuerpo al percibir el poder que contengo. Puedo
destruir dos vidas en simultáneo; mi atacante y mi presente. Estoy inmovil en la
pared, intentando no respirar. Me duelen los pensamientos, el tiempo se vuelve
más lento cuando avanza en tensión y siento que ya van dos horas en esta
posición incómoda y de alerta. Una sombra de mi pasado sonríe en complicidad, me
da tranquilidad. Bajo la cabeza, no puede aparecer en un momento así, pero
gracias. Me toca decidir, dejarme morir y matar… otra vez matar. La puerta se
abre y se cierra. Tomo una última bocanada de aire, aguanto y siento los pasos
acercarse. Cierro los ojos, se cae una lágrima. Es la última vez que tengo
miedo. Llega a un paso de mi, aún no sabe que estoy ahí. Enciende la luz y
salgo:
- Hola, ¿cómo estás? - Apunto.
- Hasta acá llegamos - Disparo.
Brota un mar de dolor y río a carcajadas, nunca había visto una imagen tan rota y completa al mismo tiempo.
- Vos podés con esto - Me abrazo.
Natalia
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por tu opinión