Un beso en la frente que me diga que todo va a estar bien.
Un abrazo de la nada, desde la cintura, con un mimo en el cuello.
Una caricia en la espalda. Que toquen mis plumas con suavidad.
Ternura de la que ya no existe.
Amor que se volvió tabú con tanta pornografía pública.
La pasión ya no está en los besos, ni en los intentos de resolver de a dos.
Soledad sabe a una herida vieja, a un pasado ya vivido, a un sitio al que no quiero volver.
No es la compañía constante, es el saber de su presencia en alguna parte. Es entender que otro corazón late en sincronía con el tuyo y le gusta tu latido. Lo elige y lo cuida como si fuera suyo porque conoce la delicadeza con la que se astilla.
Qué necedad, creer que eso es simple. Qué absurdo pensar que amar es fácil.
Qué coraje, atreverme a querer algo así, un lujo, que pocos pueden darse.
Amo mis momentos conmigo, soy práctica y productiva, creativa y divertida. Incluso puedo ser algo pervertida.
Hago magia con la sonrisa.
Pero hoy me pesa el alma.
No sale más el sol en mi ventana y la luna me lastima.
No duermo una sola noche corrida.
Perdí el sentido y las ganas de mantenerme viva.
Se vació mi pecho y la muerte no quiere venir.
Pendeja caprichosa, impuntual y testaruda.
Ya no hay demonio que me espante más que sentir.
Natalia
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