Hoy reacomodé mis ideas.
Logré desde temprano encontrar paz después de tanto caos.
Hallé la forma de amarme, de entenderme, de calmarme.
Bailé unos pasos sola, encaré a la vida con amor.
Desde anoche, me siento equilibrada.
Me reí conmigo y me gustó, me escuché sola y cómo me extrañaba!
Ahora tengo los resultados de mi sangre que habla, grita y me calla las ganas.
Una alarma que resonaba brilló con fuerza.
A veces, me gustaría pensar que estoy loca, que es mi cabeza. Una enfermedad con control sedante. Algo que se anestesia. Pero no, es mi corazón y mi certeza.
En este momento contener la angustia lo acelera. Quiero estar calma, procesar la información de una manera más serena, pero el miedo me dice que no, y me marea.
Coronariopatia excedida.
31 años y el riesgo de morir... vive. Siento a la parca mirándome a los ojos. Riéndose de mi.
No quiero este miedo.
Tanto te esperé, amiga impuntual!
Y hoy que quiero que me esperes, querés venirme a buscar.
Siento que me falta el oxígeno, este aparato no bombea como debería, lo noto hace tiempo. Lo tapé hasta donde pude, pero ya no.
Acá estamos corazón.
Resuena en mi una canción:
"Ay! Decime la verdad, hoy que harías?
Ay! Decime la verdad, si fuera el último día?"
Y no se.
Tengo el corazón en la mano, late raro y triste. Cómo si no hubiera un motivo para disfrutar el último soplo. Cómo si una parte de mi dijera que si, me entrego, me resigno, acepto, me muero.
Esa risa que sólo escuché yo se desvanece. El tiempo se vuelve lento y pesado. Perdí el hilo de fe.
Ya fue.
Respiro hondo y me relajo, lo dije el otro día: "No tengo ni el control sobre mi muerte. Voy a tener que fluir para no irme al cajón sintiendo que no supe vivir"
Natalia
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