Ir al contenido principal

Mi relato 2del4

- Bueno, vamos a Carrefour, comemos en Mc y vas al laburo.
- Dale amor, hacemos así.
- Che, qué garrón lo de Lu. ¿No necesita ayuda?
- No, no. Tiene miedo porque se le mojó la PC, pero dice que ya está seco, era poca agua.
- ¡Qué gordos somos comiendo! ¡Ja, ja!
- ¡Ahh! Pará que compro pochoclos para ver la peli con los chicos.
- ¿Tomamos un auto juntos? Te dejo en lo de Nacho.
- Naa... voy caminando. No pasa nada.
- Dale, vamos, te puede agarrar la lluvia.
- Bueno, dale.

Llegué al destino.
Bajé del remís.
Ahí estaban todos.
Yo tenía mi regalo y los pochoclos.
El día prometía para la ocasión.
Empezaba a llover, nada raro.
Siempre que llovió, paró.
Pero ese día... no.

Eramos pocos, olíamos a nerds ansiosos por El Señor de los Anillos en su versión extendida, para reivindicar un poco la mala experiencia vivida en el Imax.
Conectamos los cables, mi notebook, todo.
En un éxtasis de maravilla nos pusimos cómodos.
El agua de a poco filtraba por los focos.
Más que pochoclos, teníamos baldes para los chorros.

- Chicos... ¡Miren!
Tincho me había mandado una foto: era la intersección de las avenidas 7 y 32 de nuestra ciudad.
Algo andaba mal.
Terminó el primer DVD, hicimos una pausa para revivir.
- No quiere parar de llover, ¿Verdad?
- Estoy tratando de poner el noticiero a ver qué dicen

¡BOOM! y dos siluetas escurriendo litros de agua de sus ropas.
Son Matías y Celia, ella con su gata en brazos. Lloran. Están empapados.
- No pude parar el agua, entraba por todos lados.

Me quedo helada un momento, reculando.
Ellos viven a metros de casa,
yo tengo dos cachorros de gatos.
- ¡Me tengo que ir!
- Nosotros vamos para mi casa, si querés hasta 520 te acompañamos.
- Bueno... ¡gracias!

Salimos.
Avanzamos por el camino más largo.
Ya desde la vereda el agua llegaba a mis tobillos.
- Por acá no. Por allá. Vamos.
Empezamos a caminar, derecho, buscando cómo llegar a calle 7.
Subimos.
Caminamos hasta 520.
Llegamos.
Era un mar, un caos.
Los camiones avanzaban creando olas a su paso.

- ¿Seguís sola?
- ¿Les jode si me acompañan hasta 524?
- Bueno, es sólo un tramo.
Nada mejoraba. Y yo quería salvar mis gatos.
- Listo chicos, vayan.
- No, el agua está subiendo, te acompañamos.

Ya estaba oscuro, hasta acá zafamos.
Nos metimos por 523. Avanzamos muy despacio.
Fueron los minutos de mi vida mas largos.
Nunca cinco cuadras a mi casa habían durado tanto.
Íbamos los tres agarrados.
Nos pesaban la ropa y los zapatos.
El agua a la cintura,
en la cara la lluvia,
empapados.

El primer indicio de que todo era peor, fue ver a una pareja con sus perros a upa saliendo muy despacio.
Cruzábamos las calles, como ríos, con extremo cuidado.

- ¡Fijate de no ir tan a la esquina! Si hay un bocacalle... cagamos.

No se por qué cuadra vamos, creo que era la 8 hasta 524.
Pegados a las paredes, pisando bolsas, con el agua en la cintura, rezando.
Perdía esperanza por los gatos.
Estamos en la calle 9.

- Hasta acá llegamos
- Yo voy a seguir
- No podés, mirá la corriente.

Definitivamente, parecían los rápidos.

Cruzamos los tres enlazados,
yo ya no hacía pie.
Fuí nadando.

Pasamos un auto.
Me acerqué con pánico.
Aparentemente alguien se había salvado.

En la esquina de mi casa había una estación de servicio abandonada, el olor a kerosene, como el agua esa noche, te ahogaba.
Mili y yo tosíamos demasiado.
Calle 10 y 524, ya casi estamos.

- Mi casa tiene un desnivel en ascenso, seguro están a salvo.

El agua crece a nuestro paso.
Por un segundo la lluvia había parado.
Abrimos la puerta, todo inundado.
El agua a los tobillos, nada muy exagerado.
Con nosotros entró mas agua.
Beren, uno de los gatos, estaba en la mesa.
Ninu, desesperada, llorando.
Todo flotaba.

- Corto la luz
- ¡Tené cuidado!

Veía la diferencia de agua desde adentro hacia afuera del patio.
La puerta ventana hizo su trabajo.

- Agarrate algo de ropa y vamos.

Entré a la pieza.
Caí en la cuenta.
Me quedé quieta,
lloré un rato.
La cama flotaba,
ya no era mi cuarto.
Me sequé sin secarme.
Agarré ropa seca y a los gatos.
Salimos de nuevo,
no podíamos quedarnos.
En la escalerita que dividía los departamentos, esperamos.
Se largaba de nuevo.
Conocí al vecino, de paso.

- No podía cerrar la puerta
- Ya está, la hubieras dejado.
- Ahí está parando
- Yo me quedo acá
- No. ¡Vamos!
Mochilas, agua... y los gatos.

Añadir más liquido a la piel, más frío al cuerpo y tener cuidado.
Bajamos como Rose al rescate de Jack Dawson.
Para la calle 11 el agua iba mermando.
Seguimos cuesta arriba, en calle 12 sólo barro.
Me puse a mirar Venecia,
ya no era Tolosa,
mi lindo barrio,
inundado.

Nos miramos la manos,
todos los dedos arrugados.
No había luz,
pero si agua caliente para un baño.
Tomé un matecocido con leche,
¡Qué extraño!
Una delicia nueva
y unas risas para ahogar el llanto.

Lo que vino después,
peor que lo narrado.
Con la luz volvió el desastre,
ahora todos estábamos al tanto:
noticias tristes, muertes, desamparo.
Mi casa ahogada,
mi amor hecho barro,
el agua se llevó mis ganas
y entonces me dejó a cambio,
un trauma cuando llueve,
después de ya, seis años.

Natalia. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

dualidad por experiencia

 Un día la vida agarró y me dijo: Nati, sabés qué? Tomá. Después de llorar y morir, de tocar el fondo del fondo del abismo, de surcar en esos mares tortuosos de tu azabache inconsciente. Después de romperte en tantas astillas posibles, después de dolerlo todo, después de ser un reutilizado juguete, después de entregarte a mi confiando en nada... tu premio, pendeja. Y miro el todo, la nada, el amor, la personificación, la valentía, la apuesta, la alegría, la plenitud, el futuro... y el pánico. Qué mierda hace acá el pánico cuando estoy recibiendo mi premio? La duda, la incertidumbre, la pregunta con su respuesta, la experiencia, los engaños, el pasado tan pisoteado, qué hace estorbando? No te quiero, no te acepto, te quiero lejos. Nati confió en el dolor, en toda la tierra que masticó. Abracé la soledad y ahora mierda que la extraño! Tengo todo, mi fortuna impensada, mis palabras tan feroces y acertadas, me amaba, me ama. No me equivoqué. Todo lo que hice, lo hice tan mal y tan bien...

7 days to the wolves (nightwish)

Parece una pavada pero qué liviano es todo cuando te das cuenta que haces las cosas bien. Definitivamente entendí mi error, pero también encontré la bandera roja que se disfrazaba. Su perfil no mentía "wolf in sheep clothes"  Pero ya no soy Caperucita

Kokoro

La madrugada me despertó de un sobresalto Y una alarma interna me dijo hacia dónde tenía que mirar Encontré lo que necesitaba y me dispuse decidida a hacer ese ritual Esta vez no lloré, ya solté tanto estos días que quedé seca internamente Desconozco qué pasará en un futuro Pero se que no quiero aferrarme más a esperanzas que me dejan a media máquina en la vida Me gusta mi versión plena, y la extraño hace mucho tiempo Es verdad que me aferré a esa frase que tanto repetíamos y la creí, realmente para mí tenía todo el peso del amor que no nos decíamos "de acá no me pienso ir" y sin embargo, directamente desapareciste. Ya no me sirve ni quiero entrar a revolver las fallas. Hice lo que podía y lo acepto así. No se si me equivoqué, pero fui fiel a mis emociones y eso ya me devuelve la paz que necesito. No es igual a la paz que me daba el nosotros. Esa paz me devolvía el alma al cuerpo. Esta paz sólo me permite soltarte tranquila. Todavía me queda mucho por recorrer, pero no voy a ...