No tranzo.
Ni con Dios ni el Diablo.
No compro.
No rebajo.
No pego.
Soy un cero al costado.
Soy el eco,
De la sombra
Que me sobra.
Soy escoria.
Un trapo viejo.
Una pelota
Que rebota.
Más no quiero.
Del piso voy al cielo
Y no vuelo.
Caigo denuevo.
Me doy con el pavimento
Y me despego,
muy despacio del asfalto
no me muevo.
Estoy inerte.
Siendo algo que no veo
Y me adormezco.
No siento nada.
Sólo un alma machacada
Y derribada.
Maltratada.
No lo merezco.
Valgo mucho más que esto
Y no lo creo.
Acostumbrada
A ser siempre una opción
Sólo un deseo.
Tenete en guardia.
Cuando lleguen para amarte
Vas a irte lejos.
Donde no lleguen,
Donde no duela.
Donde siempre hables con vos
Y tú alma vuela.
Un día la vida agarró y me dijo: Nati, sabés qué? Tomá. Después de llorar y morir, de tocar el fondo del fondo del abismo, de surcar en esos mares tortuosos de tu azabache inconsciente. Después de romperte en tantas astillas posibles, después de dolerlo todo, después de ser un reutilizado juguete, después de entregarte a mi confiando en nada... tu premio, pendeja. Y miro el todo, la nada, el amor, la personificación, la valentía, la apuesta, la alegría, la plenitud, el futuro... y el pánico. Qué mierda hace acá el pánico cuando estoy recibiendo mi premio? La duda, la incertidumbre, la pregunta con su respuesta, la experiencia, los engaños, el pasado tan pisoteado, qué hace estorbando? No te quiero, no te acepto, te quiero lejos. Nati confió en el dolor, en toda la tierra que masticó. Abracé la soledad y ahora mierda que la extraño! Tengo todo, mi fortuna impensada, mis palabras tan feroces y acertadas, me amaba, me ama. No me equivoqué. Todo lo que hice, lo hice tan mal y tan bien...
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