Los músculos se tensan.
Todo en mis huesos se siente ajustado.
El cerebro late, y en cada latido aguanto.
Se me cierran los ojos,
Se caen mis párpados.
El tercer ojo está dañado.
Del ceño a la cien,
todo está apretado.
Y me repito sin parar:
Tenés que bajar,
tenes que bajar.
Es temporal.
Es normal.
¡Llorá!
Pero no sale,
No lloro.
No vale más.
No puedo depurar.
Intoxicada hasta la médula espinal.
Va a colapsar.
Va a estallar.
Cuando deje de tapar baches
En mi vacío espiritual.
Un día la vida agarró y me dijo: Nati, sabés qué? Tomá. Después de llorar y morir, de tocar el fondo del fondo del abismo, de surcar en esos mares tortuosos de tu azabache inconsciente. Después de romperte en tantas astillas posibles, después de dolerlo todo, después de ser un reutilizado juguete, después de entregarte a mi confiando en nada... tu premio, pendeja. Y miro el todo, la nada, el amor, la personificación, la valentía, la apuesta, la alegría, la plenitud, el futuro... y el pánico. Qué mierda hace acá el pánico cuando estoy recibiendo mi premio? La duda, la incertidumbre, la pregunta con su respuesta, la experiencia, los engaños, el pasado tan pisoteado, qué hace estorbando? No te quiero, no te acepto, te quiero lejos. Nati confió en el dolor, en toda la tierra que masticó. Abracé la soledad y ahora mierda que la extraño! Tengo todo, mi fortuna impensada, mis palabras tan feroces y acertadas, me amaba, me ama. No me equivoqué. Todo lo que hice, lo hice tan mal y tan bien...
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por tu opinión