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Memorias de Abril

Llovía de una manera asquerosa, la humedad se sentía en todo el cuerpo y las gotas de agua eran inmensas.
Asomarse a la ventana y ver que no se veía, era un show a la vista. Una cortina enorme y constante de agua invadía el paisaje.
En la tele el mundo estaba frenado por la llegada de un reconocido presidente a nuestro pequeño país, otros llorando la incesante tormenta que no quería dar tregua y ellos preocupados por ver si hacía frío o calor para elegir el mejor atuendo antes de salir.
Ene: Vamos, se nos hace tarde para ir al trabajo. - Dijo muy preocupado por el contra-reloj que corría ante el posible colapso en el transito. Alzó a la bebé y esperó en la puerta.
Na: Dos minutos y estoy, andá bajando. - Ella siempre temía olvidar algo importante y necesitaba revisar todo dos veces. No vivían cerca de sus trabajos como para regresar.
Na terminó de ponerse perfume, dar de comer a la gata, apagar las luces, cerró con llave y bajó apresurada la escalera.
Ene ya tenía el auto en marcha, la beba en su sillita y estaban listos para irse.
Na se sentó en el asiento del acompañante como todos los días y se encaminaron en el viaje rutinario de ir a trabajar, con el intento de dibujar una sonrisa en sus rostros pero sin poder evitar la preocupación del viento amenazador.
Na: Primero bajo en el trabajo y llevás a Sali de la niñera, ¿No?. Así dijimos anoche - Ella tendía a olvidarse ciertas cosas y en cuestiones organizativas trataba siempre de recordar cómo había quedado el orden del día.
Pasaron los minutos y sus rostros empezaron a cambiar.
Ene: Está lloviendo demasiado, no llega a sacar el agua el limpia-para-brizas. - Arrimó el auto a la vereda y se quedaron a esperar. Era imposible manejar en esa situación.
Sali comenzó a ponerse nerviosa.
Na: Tranquila amor, ya pasará. Sólo es agua. - Dijo intentando calmarla y calmar los nervios que sentían los tres.
Pasaron horas, no había señal telefónica para avisar en el trabajo. Los vidrios ya estaban empañados.
Na: Debemos avanzar un poco, buscar algún kiosco para llamar al trabajo y avisar que estamos inmovilizados. - Luego intentó bajar la ventanilla para observar si la cortina de agua dejaba entrever alguna señal de farmacia, kiosco, estación de servicio, o algún patrullero que pudiera ayudar en algo. Pero para su sorpresa sólo pudo ver cómo el caudal de agua empezaba a aumentar como si fuera un río en sudestada, y todo cobraba movimiento involuntario. - Hay que salir de acá como sea. Estamos atrapados en un arroyo - Con los ojos llorosos miró a su hija, la sacó del asiento y la abrazó muy fuerte, la besó en la frente y se la entregó a Ene, lo besó en los labios con mucha tristeza y rompió en llanto. - No se qué pueda pasar, pero voy a bajar para sacarnos de acá.
Ene: ¡¿Estás loca? ¿A dónde vas?! - Y sintió un portazo que lo dejó paralizado.
Na al minuto de haber bajado del auto ya estaba empapada, el viento azotaba la lluvia con fuerza en su cuerpo y le costaba ver por donde caminaba. Corrió hacia abajo del techo mas cercano y pudo ver algo a lo lejos; una masa oscura se acercaba a unas cuadras de distancia, parecía una ola, una ola gigante y fue entonces cuando decidió rescatar a su familia de ese lugar. Corrió al auto y empujó a Ene con Sali en brazos por la otra puerta:
Na: ¡VAMOS! ¡VAMOS!, ¡NO HAY TIEMPO! - Gritó llorando de los nervios que helaban la piel mas que el agua que se escurría en su rostro y cuerpo completos.- ¡Allí! ¡Al edificio! - y se encaminaron casi sin ver dónde pisaban, ni qué pisaban, con una velocidad tan extrema por la cual uno casi llega a flotar.
H: ¡Entren!, ¡vamos! - Un hombre que les había hecho señas los dejó pasar al hall. Una vez detrás de los vidrios convinieron entre miradas que lo mejor era subir por lo menos dos pisos de escalera. - Soy H, nadie entiende qué está ocurriendo, pero estoy seguro de que este día estaremos agradecidos de haberlo sobrevivido.
Ene: Estoy de acuerdo, gracias por rescatarnos.
Los cuatro estaban en silencio, hasta Sali comprendía que algo realmente malo pasaba y no se animaba a emitir sonido. En el segundo piso de la escalera de emergencia quedaron petrificados al ver cómo una ola arrasaba con todo a su paso, y peor aún, vieron cómo un barco utilizaba la avenida como canal transitorio.
Na lloraba en silencio cuando sintió un tirón en el brazo:
H: Entren rápido. - Dijo en tono silencioso haciéndolos pasar al departamento contiguo a la escalera. - Este es mi hogar, siéntanse bienvenidos. No hay electricidad por el temporal, pero me he previsto de baterías para hacer funcionar este antiguo radio. Esperemos unos minutos a ver qué ocurre en las noticias.
Sali se dispersó con el gato del buen hombre y relajó un poco su temor, las mascotas saben transmitir cierta paz a pesar de intuir que nada va a mejorar. El hombre se fue a la cocina y volvió con mate caliente, toallas y ropa para que secaran el frío de sus cuerpos.
H: Tome señora, esta ropa es de mi mujer, ella debería estar regresando de la panadería pero hasta que no pare la tormenta no creo que pueda volver a casa.- Y realizó una mueca con su boca que denotó una ironía triste y desesperanzada.
Al unísono le agradecieron, se cambiaron y se sentaron en el comedor con la tenue luz de las velas a escuchar las noticias.
Locutor: Lamentamos informar que no podemos dar reporte certero de cómo avanzará la tormenta, si es que cesará o no, no lo sabemos. Pero hay novedades, y no de las buenas. No queremos alarmarlos más, pero es mejor que estén atentos: NO salgan de sus casas, ha aumentado el nivel del agua a dos metros y todas las calles están anegadas, ya se reportan personas desaparecidas y heridas. Pero eso no es todo, si creían que el día no podía ir peor sólo aproxímense a una ventana y observen el cielo. - Acto seguido todos se pararon y miraron el negro manto que cubría la ciudad... entre las nubes grises y la bruma, el vapor y el miedo, se movían en lo alto algunos aviones y helicópteros. - Eso que pueden ver allí arriba, aquellos que puedan, claro, sepan que no son rescatistas ni bomberos. Aquel importantísimo señor presidente, de ese prestigioso país tan superior al nuestro, al que le dimos la bienvenida esta madrugada, no venía a visitarnos como viejos amigos, sino por lo contrario, nos encontramos en guerra.- El silencio que se hizo en el interior de ese pequeño departamento al oír la última palabra del locutor, dejó todo mas que claro: ya nada era lo mismo y todo estaba perdido.
Las lágrimas brotaban silenciosas mientras Na abrazaba cada vez mas fuerte y llenaba de besos a su hija y a su esposo. Sali no podía comprender nada y era la única que sonreía en tamaña situación de melancolía.
Entonces todo se sacudió, tembló el piso, los muebles, el gato salió disparado a esconderse bajo un colchón y las lámparas se movían en vaivén.
Ene: ¡¿Qué fue eso?! ¡¿Están todos bien?! - Dijo desesperado tomando a su mujer y a su hija de los brazos y las besó con más amor y ternura del que jamás había sentido. Esa sensación de estar perdiendo en vida toda tu vida, es la que desata todo lo que no demostramos a veces, o hacemos poco.
¡¡¡ BOOOOOOOOM !!!
Na: ¡Son bombas! Debemos alejarnos de aquí, no podemos estar en lugares altos... - Se quedó en silencio un momento, miró por la ventana las olas que se movían inquietas en el mar que había sido creado por la tormenta - ... ni bajos. - Lo miró a su marido con un rostro completamente desencajado, no encontraba una solución, una salida, una forma de sobrevivir al agua o a la guerra y salvar por sobre todas las cosas a su hija.
Ene la observó detalladamente, sus ojos hinchados en lágrimas, su cabello revuelto por la humedad, las ropas que no eran suyas y le quedaban enormes, pero que igual la dejaban verse bella. Quería recordar que no importara cómo, ella siempre era hermosa, aún convertida en una loca. Esbozó una sonrisa y la abrazó susurrándole al oído: siempre me demostraste que lo importante es estar juntos y aquí estamos, no será fácil pero vamos a sobrevivir, vamos seguir juntos, no te lo prometo porque no es certero, pero no vamos a intentarlo, lo vamos a lograr...


Natalia Jaqueline Martínez - Nienna

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