Él
cambia las sábanas todas las mañanas, alimenta a sus mascotas, da de beber a las plantas.
Su casa tiene las tonalidades más cálidas, un amplio parque con árboles y su
propia salida al lago.
Tiene todo lo que en la vida se propuso, hasta la
casa alejada en un lugar pacífico.
Vive de la artesanía, una pasión que le nació desde
hace años intentando vivir tranquilo. Es el maestro artesano de los
"atrapa-sueños", los hace de todos los colores, de todos los tamaños,
con plumas, con dijes, con piedras, con hilos pálidos y coloridos. En su pueblo
lo han tildado de loco, pero porque no conocen el poder que a uno le confiere
el insomnio.
Consume por día más cafeína de la que fuera posible,
es como si intentara escapar de Freddy Krueger.
Toma pastillas recetadas por el psicólogo al que concurre una vez a la semana, y evita las
lecturas extensas. Juega a video juegos largas horas y come porquerías llenas
de azúcar. Sin embargo es un ser ordenado y limpio. Evita las camas, duerme en
un sofá intranquilo para despertar a tiempo y por las tardes sale a pasear en
bicicleta hacia el ruido de la ciudad para despabilarse, por supuesto no deja
de fijarse que las ruedas estén en perfecto estado, así evita la humillante
posibilidad de tener que retornar en autobús, porque ese movimiento constante
en el asiento, ese arrumaco perfecto para la mente cansada, no sólo lo sumiría
en la vergüenza al despertar, sino que volvería con una depresión imparable por
haber soñado.
A veces piensa que haberse ido a vivir a un lugar
tan tranquilo no le convenía, porque de a ratos, sobre todo después de comer,
el sonido calmo del viento en los árboles, el cantar armónico de las aves y el
agua espurriéndose en las piedras del lago, le invitaban a una siesta insoportable.
Por lo tanto, de vez en cuando compra el diario y revisa departamentos en venta
en plena ciudad, con vecinos ruidosos y edificios en construcción, aunque lo
que el más quiera en verdad, es algún día volver a dormir como antes, disfrutar
del descanso que le brinda la vida y ser feliz. Pero no puede, no debe cerrar
los ojos; por eso llena su casa de "atrapa-sueños", hasta en su
espalda entera lleva un tatuaje inmenso y hermoso lleno de hilos cruzados,
buscando en ellos la paz que no consigue, porque a veces no le funcionan y se
deja llevar por la calma de los pensamientos que no controlamos al dormir. Esos
que la mente no se cansa de inventar en el inconsciente, que tejen las telas mas
extrañas y unen el pasado con el presente, que le prohibe sonreír todos los
días si despierta, que le hace saber que su vida siempre va a estar vacía; a
menos que sueñe. Y aunque el no quiera, lo hace, se hunde en el verde de su
parque a observar las aves, entona una canción lejana, parpadea lentamente... y
se transforma en el capitán de un velero, tiene su vida en el mar, se dispone a
ser pescador, compra una pequeña cabaña para cuando vuelva a pisar la tierra,
le entregan la llave, la ambienta, la deja en condiciones, prepara su bolso y
zarpa a la maravillosa aventura de vivir con el viento en la cara, con la sal
en los labios y el agua en todo el terreno. Pero anochece, vuelve al puerto,
vende unos peces y se encamina a su cabaña, abre la puerta y aparece ella. Otra
vez ella, si, otra vez deja caer el bolso, otra vez la abraza, otra vez la
besa, otra vez llora de alegría, otra vez la toma de la cintura y bailan, otra
vez ella le hace cosquillas, otra vez sonríen juntos, otra vez se aman, otra
vez le toma las manos y tiembla al sentirla, otra vez le pide otro beso, otra vez
le da otro beso, otra vez le cuenta sus historias, otra vez le canta, otra vez
navegan lejos, otra vez la observa con detenimiento, otra vez se enamora de sus
ojos, otra vez enloquece con sus gestos, otra vez descansan en la arena.. y
otra vez despierta, a su triste realidad en la que él renunció a quererla. Se
seca los ojos y prepara otro café cargado con azúcar, tensa hilos y arma sus
atrapa-sueños coloridos, intentando inútilmente no volver a verla.
NJM- Nienna
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