Escucho el crepitar de la lluvia en el tejado,
el chocolate caliente a un lado
música suave de un dulce piano
y las ganas inútiles de arreglar lo errado.
Con la mirada baja camino al espejo,
lo miro, me veo y me digo riendo,
tantas veces oyendo silencios
tantos discursos que hice, deshechos.
Puedo gritar y que nadie me escuche,
canto siempre lo que guardo dentro,
mil historias que contarle a la noche,
vagos recuerdos del amor eterno.
Cruzo la ventana y miro el jardín
antes era verde, ahora es gris,
la lluvia cambió aquel matiz,
las gotas empapan un rostro infeliz
Una brisa suave calma mi entorno,
un soplo del viento clamó libertad,
cierro mis ojos, voy sin retorno
a un viaje de ida a la orilla del mar.
Navego en un barco sin tripulación,
triste cual pirata canto una canción,
siempre de amores y desilusión
inundando los mares de pena y dolor.
Sirenas, olas, nubes y más,
toda fantasía volviose real
de largo vestí mi ultimo disfraz
todo era un cuento, un cuento inmortal.
Natalia J Martínez
el chocolate caliente a un lado
música suave de un dulce piano
y las ganas inútiles de arreglar lo errado.
Con la mirada baja camino al espejo,
lo miro, me veo y me digo riendo,
tantas veces oyendo silencios
tantos discursos que hice, deshechos.
Puedo gritar y que nadie me escuche,
canto siempre lo que guardo dentro,
mil historias que contarle a la noche,
vagos recuerdos del amor eterno.
Cruzo la ventana y miro el jardín
antes era verde, ahora es gris,
la lluvia cambió aquel matiz,
las gotas empapan un rostro infeliz
Una brisa suave calma mi entorno,
un soplo del viento clamó libertad,
cierro mis ojos, voy sin retorno
a un viaje de ida a la orilla del mar.
Navego en un barco sin tripulación,
triste cual pirata canto una canción,
siempre de amores y desilusión
inundando los mares de pena y dolor.
Sirenas, olas, nubes y más,
toda fantasía volviose real
de largo vestí mi ultimo disfraz
todo era un cuento, un cuento inmortal.
Natalia J Martínez
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