Era un día diferente, el cielo lucía un color carmín inusual, no era la mezcla de los colores, no era la puesta del sol, no era de día ni era de noche, no se sabía de dónde venía ni si tenía fin el infinito rojizo. La luna observaba desde su perspectiva una bola colorada que alguna vez fue la tierra, el sol ya no estaba, se había escondido, corrió a otro universo para encontrar habitantes a quienes darle calor. El color sangre reflejado en todas partes, dejaba una sensación de tragedia, sin embargo todo era normal, pero en los corazones humanos se sentía la tristeza.
Los animales lloraban y lloraba el cielo, toda lágrima era normal, pero los charcos eran rojos del mismo color infierno, como lo estaba todo en ese día anormal. ¿Por qué todos lloran? ¿Qué hay en el cielo? No se ven estrellas y ni si quiera nubes hay. La gente trajeada y apurada no se detiene, no le interesa, su tiempo es mas importante que la naturaleza. Un niño tomado de la mano de su madre la mira con ojos en llanto, ella le devuelve la mirada y entiende que no puede pasar por alto aquel momento: ¿sería la última vez que se reflejara en los ojos de su hijo? ¿sería ese, su último "mamá"?.
El tiempo se detuvo en las pupilas que miraban horrorizadas buscando esperanzas en otras ajenas, nadie podía explicar ese fenómeno. Físicos, químicos, astrofísicos, matemáticos, científicos de todo tipo y de todas las naciones se reunieron para investigar. Siempre estaban aquellos que creían que todo era obra de Dios, que era una señal, y no faltó fanático que se suicidara pensando que aquello era la puerta a la vida del Diablo. Las familias buscaban caras conocidas entre la multitud de la calle para volver a casa y pasar quizá sus últimos momentos.
De toda la locura desatada lo que mas impresionaba, era la calma con la que las personas reaccionaban. Nadie gritaba, todos iban con su paso apresurado pero nadie sobresalía.
Los animales lloraban y lloraba el cielo, toda lágrima era normal, pero los charcos eran rojos del mismo color infierno, como lo estaba todo en ese día anormal. ¿Por qué todos lloran? ¿Qué hay en el cielo? No se ven estrellas y ni si quiera nubes hay. La gente trajeada y apurada no se detiene, no le interesa, su tiempo es mas importante que la naturaleza. Un niño tomado de la mano de su madre la mira con ojos en llanto, ella le devuelve la mirada y entiende que no puede pasar por alto aquel momento: ¿sería la última vez que se reflejara en los ojos de su hijo? ¿sería ese, su último "mamá"?.
El tiempo se detuvo en las pupilas que miraban horrorizadas buscando esperanzas en otras ajenas, nadie podía explicar ese fenómeno. Físicos, químicos, astrofísicos, matemáticos, científicos de todo tipo y de todas las naciones se reunieron para investigar. Siempre estaban aquellos que creían que todo era obra de Dios, que era una señal, y no faltó fanático que se suicidara pensando que aquello era la puerta a la vida del Diablo. Las familias buscaban caras conocidas entre la multitud de la calle para volver a casa y pasar quizá sus últimos momentos.
De toda la locura desatada lo que mas impresionaba, era la calma con la que las personas reaccionaban. Nadie gritaba, todos iban con su paso apresurado pero nadie sobresalía.
El clima natural de cada rincón del mundo se había vuelto completamente lo opuesto, en el centro hacía frío y en los polos calor, pero los glaciares no se derretían, el desierto seguía siendo desierto y la selva, selva. El clima sólo cambiaba para las personas, algo en el aire intoxicaba los corazones. Pasadas las horas, un estado de somnolencia se apoderó de todo ser racional del planeta y las respuestas a tantas preguntas sobre ese día, aparecieron ante cada uno como una pantalla de película...
El mundo con una daga en su centro, se desangraba en sus ríos y océanos, los animales estaban muriendo, llorando, corriendo, buscando un lugar donde esconderse; y quienes los perseguían, eran quienes en ese momento se sentían perseguidos. El hombre: raza especial, "superficial", enemigo natural de todo lo natural, arrasaba con todo a su paso.
De cada ojo desentendido y dormitado, brotó una lágrima de pena, de cada lágrima caída a la tierra surgió una roja flor. Por cada flor que aparecía el cielo cambiaba de color hasta llegar a quedar con su aspecto normal, nubes blancas, cielo azul, y el sol en su lugar.
De no haber sentido, de no haber visto esta realidad, esas flores serian rocas estancando cada camino, para que el hombre no avance torpemente, mutilando a la naturaleza, quien lo hizo pensante y desagradecido.
Natalia. J. Martínez.
"La naturaleza no hace nada en vano" (Aristóteles)
Está buenisimo amor, de verdad :)
ResponderEliminarYo que vos escribo todo en un libro porque en cualquier momento te hackeo el blog y lo vendo como si fuera mío (?) más forro era :P jaja. Te amo carajo!