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Prohibido recordar

Salí a la calle desesperada... no, ya sabía que ahí no encontraría nada. Por las dudas observé el panorama con los ojos inquietos, y corriendo volví a casa. Azoté la puerta para que alguien me escuchara, pero nada, entonces la cerré con llave para que no entrara. Me escondí en el patio del fondo y entre tanto misterio y desesperación, no sé todavía cómo, pero desperté en mi cama. Estaba toda transpirada, no se si era fiebre, o todavía el cansancio de aquella corrida. Intenté tranquilizarme y tomé una ducha de agua fría.
Salí mas despejada a ver las nubes de ese día; me senté en mi hamaca, la que siempre preferí de niña, y le sonreí a la nada con una ajena alegría. Mientras sentía el viento en mi cara, impulsada por el envión del juego de volar, intenté recordar qué habría sido de aquel sueño, a quién buscaba y de quién me escondía. Pero quizás sea solo un sueño, esos que sólo se pasean sin importancia en nuestra vida.
Terminé mi día normal como cualquier otro día, pero entonces volví a contar en forma regresiva. De la nada es como si el mundo hubiera empezado a girar mas rápido de lo normal, estaba quedando atrapada, inmóvil, mientras todo iba corriendo a mi alrededor. Grité con todas las fuerzas, pero era imposible que alguien me oyera, no salía sonido de mi boca. Me veía a mi misma como otra persona, escuchaba que nada decía, pero al leer mis propios labios tampoco distinguía qué decía. ¿Sería un nombre? ¿Sería auxilio?.
Después de tanta locura el mundo se detuvo, comencé a sentir unos pasos lejanos acercándose cada vez mas, alguien venía hacia mi corriendo. Por un instante creí que estaba salvada, pero pasó delante de mis ojos y sólo se detuvo para mirarme y señalar la dirección en la que debía seguirlo. Pero, ¿por qué seguirlo, quién era ese niño para decirme qué hacer, o a dónde ir? Si me hubiera explicado que algo venía quizá le hubiera creído, pero así no, no era forma de ayudarme. Entonces sentí que el viento golpeaba fuerte en mi espalda y el pelo comenzaba a enmarañarse, volteé a ver y lo entendí... venía una tormenta demasiado oscura, sin duda alguna, esa no era una simple lluviesita. Empecé a correr hacia delante, hacia donde todavía había luz de día, agitada llegué a mi casa, de dónde aún no recordaba haber salido, y me senté a esperar a que todo pasara, mientras miraba esas nubes negras el estomago me rogaba inconsolablemente, ante tanta ida y venida, no había comido nada, y la palidez del rostro comenzaba a enmarcarse, pero no comí, no había tiempo para embucharme. Sólo quería saber que estaba pasando en mi mente, en mi vida, en este instante.
Huyo, sólo se que huyo de algo, de alguien, esta tormenta ¿es tormenta? esa persona ¿es persona o solo un reflejo de mi memoria?.
Subí las escaleras para llegar a mi ventana, observe que las nubes me dibujaban caras. Volteé no quería saber quiénes eran, sólo quería que se hiciera la mañana. Volví a recostarme, tape mi rostro con mi propia almohada, ya no quería ver a mis muñecas ni a las fotos que me rodeaban, sentía que todo cobraba vida, y yo, tan acobardada, sólo pude cerrar los ojos y dejarme dormir otra vez.
Abrí los ojos, ¿cuánto habría dormido? ¿todo habría sido una pesadilla?. Me quité la almohada de los ojos y seguía todo igual, miré el reloj de la pared, inútil, estaba detenido hace un mes, nunca sabré la razón de su inmovilidad pues las baterías eran nuevas. Me desenfoqué del reloj y miré por mi ventana, definitivamente no habrían pasado mas de cinco minutos de inútil siesta. Todo estaba igual, nada había cambiado, el clima seguía mostrándome cosas que no quería ver, entre ellas una cara. No tuve alternativa, me concentré en identificarla, pero mientras mas me concentraba, mas temblaba. No, no pude diferenciarla, no me parecía alguien que conociera. De pronto, sentí ruidos abajo, impulsivamente me saqué las zapatillas y bajé en silencio y pausadamente la escalera. Agarré lo primero que tenía a mano, una espada china que le habían regalado a mi hermano cuando cumplió siete años, era una estupidez, no podría hacer nada con ese juguete, pero el material solido me serviría de algo.
El ruido "misterioso" era mi gato, jugando con una rata de plástico rompió un jarro. Sin duda, la paranoia me estaba consumiendo, mucha imaginación junta estaba haciendo estragos con mi conciencia. Respiré profundo, me tranquilicé, conté hasta veinte y abrí la puerta de calle, me senté en la vereda, otra vez, sonreí a la nada y el viento cesó de una forma alarmante. Miré a un costado y nada, miré hacia el cielo y allí estaba esa cara, inmediatamente comenzó a lloviznar, una lluvia tranquila para un día de verano tan "alocado", pensé e intenté con mas fuerzas descubrir quién se escondía tras aquella figura borrosa que el destino me había dibujado.
Miré por horas, el clima no cambiaba, pero ya no me sentía asustada, sólo era algo que no entendía y por alguna razón, debía entenderlo. Comparé esa sonrisa con otras cien que se me cruzaban por la cabeza, comparé los ojos con todas las miradas, hasta las de algún actor conocido, pero nada. No me quedó otra solución, me di por vencida y busqué en un baúl en el que guardo cosas desde pequeña, increíbles recuerdos brotaron instantáneamente como una sesión fotográfica, reí y lloré con cada recuerdo que se me acercaba, encontré entre ellos, una foto de una tía lejana y mas atrás alguna que otra carta de viejos amigos.
Pasaron horas en las que recordé y busqué esa cara, revisé internet, revisé revistas, revisé el encarta, no encontré por ningún lado algo que se le semejara. Bajé los brazos, bostecé, comí lo primero que encontré en la heladera y dándome por vencida me dormí otra vez.
Monótonas idas y venidas me cansaron completamente, al fin volví a despertar y ya enfurecida salí al patio y grité muy fuerte: ¿Quién eres? ¿Qué quieres?. Una luz cegó mis ojos y ante mí bajó esa cara triste que desde el cielo me miraba, con una voz suave, pero miedosa, como si tuviera miedo de que lo lastimara, se me acercó y me dijo con un leve susurro:
- Tanto rencor y mal te he hecho, que decidiste olvidarme y borrarme de tu mente, recuerdos, fotos y momentos. No vas a saber quién soy a menos que yo te lo recuerde, no vas a volver a mirarme a menos que yo te mire y si no quieres que vuelva a aparecerme sólo dime que no te busque y desapareceré completamente. Pero si aún la intriga sigue viva en ti, querrás saber quién fui, y sólo puedo limitarme a decir que todavía soy, pero nada para ti.
Desapareció tras esas palabras y no quise saberlo más, fuera quien haya sido, me limité a olvidar, quizá algo recuerde de aquella fantasmagórica persona, pero me niego a recordarla y si sonrío otra vez al viento, y miro feliz a la nada, quizá logré olvidarme o recordé un flash que se disuelve como jugo en el agua.
Sé que es imposible olvidar, sobre todo para mi, pero intentar no cuesta nada y puedo volver a sonreír.
Desperté a la mañana siguiente y el sol radiante bailó para mi, ya no recordaba qué había pasado, pero mis manos escribieron por mi.

Natalia. J. Martínez.


Comentarios

  1. estoy de novio con una escritora (H) :P

    está muy bueno amor, igual es re largo y hay cosas raras...pero pensándolo bien, si no tuviera cosas raras no sería tuyo jaja :P

    te amo mucho ♥

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