No hay silencios, no hay momentos,
no hay desiertos, ni enormes arboledas.
Está opaca la visión desde esta alcoba,
donde antes se encontraba la vista mas cómoda
y hoy sólo se observa una luz incolora.
Es inútil rebuscar los escritos ya tachados,
es incomodo encontrar los fantasmas del pasado.
La aventura se desventura,
la ilusion se desesperanza
y las virtudes se desvirtúan.
No hay paisaje, música, ni color,
que aluda a una ultima gota de imaginación.
Ni el cielo, ni el océano,
ni si quiera un árbol marrón
le devuelven a este techo
la magia que ahora perdió.
Hoy todo está cambiado,
mis palabras se me escaparon.
Perdí la memoria de mis pensamientos,
pero renové otros a través de éstos.
No es que esta sea una triste canción,
no es que haya perdido mi poca razón.
Sólo es que a veces las cosas se escapan
y cuando intentas atraparlas... cambian.
Mis dedos querían relatar sobre miradas,
sobre el misterio de los ojos detrás de sus pupilas,
pero no encontré palabras, ni borrador, ni tinta
que me ayudara a explicar lo que mi mente decía.
Me posé desde una ventana,
donde antes mirar hacia abajo solía,
y vi sólo en grises un mañana
que desde una tarde jamás volvería.
Natalia. J. Martínez.

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